Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, nació en Buenos Aires el 28 de junio de 1930, conocida por todos como Taty Almeida. En ella, se condensa la esencia más pura y poderosa de la lucha argentina por los derechos humanos.
El 14 de junio de 2026, una de las voces más emblemáticas y respetadas de las Madres de Plaza de Mayo se apagó a los 95 años, pero su legado perdura con una fuerza inquebrantable y servirá como símbolo para mantener la memoria viva para las futuras generaciones. Taty Almeida, quien dedicó cerca de medio siglo de su vida a esta causa, nos ha dejado un ejemplo de perseverancia y amor incondicional hacia los que sufren.
Nació en el seno de una familia de tradición militar y conservadora. Su hijo, Alejandro Almeida (de 20 años, estudiante de Medicina y militante del ERP), fue secuestrado por la Triple A el 17 de junio de 1975, antes del golpe militar de 1976, y permanece desaparecido. Fue la más clara exponente política de que las desapariciones comenzaron antes de la dictadura genocida.
Incansable militante por la vida sostenía que su hijo «Alejandro me parió a mí»: La búsqueda de su hijo la transformó radicalmente. Mientras lo buscaba, encontró sus poemas y descubrió sus ideales, lo que la impulsó a comprender la injusticia que vivía el país. Fue su hijo quien, simbólicamente, la «parió» como la activista que sería.
Transitó su búsqueda entre sus relaciones militares pero al no encontrar respuestas en su círculo se unió a Madres de Plaza de Mayo en 1979, adoptando el pañuelo blanco y encontrando en la organización una nueva familia de lucha.
Memoria, Verdad y Justicia
Fue presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y su objetivo nunca fue la venganza, sino algo más profundo y transformador: Memoria, Verdad y Justicia. Alli encontró un ideal por el cual vivir.
A partir de ese momento la búsqueda de su hijo se transformó en militancia política y social. Luchó sin odio a pesar del dolor. Taty luchó incansablemente para que el Estado le dijera qué pasó con su hijo, para honrar su memoria y la de los 30.000 detenidos-desaparecidos, y para garantizar un «Nunca Más».
Su templanza, su ejemplo fue de tal magnitud que fue reconocida en los ámbitos académicos otorgándole la UBA el Doctorado Honoris Causa y en los ámbitos internacionales de derechos humanos y de organizaciones sindicales era considerada como una de las abanderadas por la luchas como alguien que sin claudicaciones luchó por la verdad, la memoria y la justicia.
Su compromiso con la transmisión de la historia quedó plasmado en el documental «Taty Almeida, Historia de una Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora», dirigido por Claudio «Pipo» Sautu. El film es una herramienta para difundir su legado y para seguir combatiendo el negacionismo.
Más allá de su propia causa fue esencialmente solidaria. Su lucha trascendió los límites de las Madres para convertirse en una solidaridad activa con todas las causas justas. Estuvo presente en reclamos de trabajadores, estudiantes, jubilados, la comunidad LGBT+ y en la defensa de los medios de comunicación.
Con su característico sentido del humor y ternura, fue la guardiana del legado de las Madres. Incansable, repetía: «A pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie», un mensaje de resistencia que alentó a millones. Deja un legado inmenso que compromete a futuras generaciones.
Taty Almeida era luz. Como muy bien la definió León Gieco, ella se convirtió en «un pilar de nuestra democracia». Su vida fue un faro que nos guía, y su lucha, una herencia que nos indica el camino para construir una sociedad justa.

